Leen este blog:

domingo, 2 de noviembre de 2014

EL ENCANTADOR DE PÁJAROS





El padre Marcos se acababa de aproximar a la barra cuando escuchó un grito profundo y rasposo:

– ¡Pero miren a quién vengo a encontrar en este antro infernal!

Se dio la vuelta y lo vio: un gigantesco anciano cubierto con una túnica.

Por mucho que lo intentaba, a Marcos le costaba encontrar un momento a solas. No llevaba su sotana puesta, pero de todos modos su profesión lo obligaba a escuchar al prójimo. Se levantó y se acercó a estrecharle la mano al misterioso sujeto.

– Hola, soy Marcos. Discúlpeme pero no lo recuerdo – dijo casi de mala gana.

– Te conozco, Marcos. ¿Mi nombre? Tengo muchos nombres, tú sabes bien quién soy.

El enorme individuo le apretó la mano con tanta fuerza que Marcos tuvo la sensación de que, si lo deseaba, podría haberlo dejado sin falanges enteras.

Luego del saludo lo invitó a acompañarlo a su mesa que, por alguna extraña razón, estaba mucho más sucia que el resto. Se sentó y el sujeto se quedó mirándolo con una sonrisa amarillenta de dientes largos, enmarcada por una barba corroída por la mugre del tiempo. El eclesiástico no pudo soportar la perturbación que le provocaba aquel silencio y se apuró por iniciar una conversación:

– De acuerdo…. y dígame… ¿se puede saber qué tan grande es su culpa que lo obliga a estar en este sitio hasta estas horas? Ya salió el sol.

– Eso no te importa, no estoy buscando los consejos de un sacerdote. Hablemos mejor de la razón por la que tú estás aquí, hagamos de cuenta de que no la sé; quiero escuchar tu versión.

Marcos se sorprendió ante aquellas expresiones, pero por algún motivo le contó su verdad:

– La razón es simple: ya no tengo fe en lo que hago. Hace años que quiero abandonar la lucha porque siento que ha perdido el sentido. No puedo seguir dando sermones sobre la igualdad de los hombres cuando veo tanta injusticia en el mundo.

El anciano comenzó a reír, luego la risa se transformó en carraspeo y el carraspeo en expectoración.

– ¿Y quién dijo que la vida es justa? Además los hombres no son todos iguales, al menos no lo son en un sentido muy importante: existen religiosos y existen ateos. Esa es una de las pruebas más difíciles de refutar sobre la existencia de Dios.

– ¿Se supone que eso probaría su existencia o su no existencia? – preguntó Marcos.

– Te contaré una historia...


Hace mucho tiempo, cuando el mundo era joven y yo ya era viejo, solo existían dos pueblos. Durante siglos perdieron el contacto entre sí, porque cada uno ocupaba una isla. Al principio se comunicaban navegando, pero sus costumbres impuras los hizo involucionar hasta que las embarcaciones que construían ya no servían para cruzar el profundo mar que los separaba.

Los oriundos de la isla del sur solían recibir en su costa restos de herramientas hechas por el hombre que, aunque eran igual de básicas que las que ellos fabricaban, no las reconocían como propias. Así supieron que no estaban solos en ese océano infinito. La curiosidad, poderoso motor, los hizo construir la más grande embarcación que habían hecho hasta el momento. Entonces se dirigieron al norte, en busca de sus hermanos perdidos.

El rey del sur decidió unirse a la travesía, ya que la misma sed de poder que lo convirtió en rey, lo hacía desear ser el primero en saludar y en establecer el comercio con el nuevo mundo.

Todos esperaban el encuentro de sus líderes y fue una gran sorpresa ver que rey del norte era un joven albino; por otro lado, el rey del sur tenía el cabello negro y la piel oscura, al igual que los demás habitantes de ambas islas.

El albino rey del norte notó el asombro del sureño:

– Entiendo la sorpresa de saludar a un hombre-dios, veo que no tienen elegidos en su isla y por eso debieron optar por una persona común y corriente para que los gobierne.

El oscuro rey del sur quedó estupefacto ante las creencias del residente del norte, y entonces le dijo la verdad de su desconcierto:

– Si se refiere a los albinos, sí, los tenemos. Sucede que nosotros creemos que están malditos, y por eso los quemamos apenas nacen.


Marcos se quedó estupefacto y, luego de un instante, se persignó. El anciano lo observó con una sarcástica sonrisa.

– Dijiste que perdiste tu fe, Marcos ¿Por qué te persignas? No te preocupes, hazlo tranquilo, te sorprendería saber cuántos sumos pontífices fueron ateos.

– Discúlpeme pero creo que usted no entiende. No sé qué tiene que ver esa historia con mi problema, ¡yo perdí el objetivo de mi vida!

– Ese sí es un problema – dijo el temible sujeto –, aunque el objetivo no es difícil de reencontrar.

– ¿Y cuál es ese para usted?

– El objetivo de la vida es tener siempre un nuevo objetivo.

El anciano se quitó la capucha y el clérigo pudo observar su rostro; su lúgubre aspecto era el de alguien que bien podría tener mil años. Sus escasos cabellos eran tan amarillentos como su barba y sus ojos estaban por completo blancos.

Marcos se quedó inmóvil por unos segundos sin saber qué hacer, luego no pudo con su curiosidad y movió la mano frente al rostro del curioso individuo.

– ¿Qué demonios estás haciendo? – lo sermoneó el anciano – Deja de comportarte como un estúpido y permíteme contarte otra historia...


Hace mucho tiempo, cuando el mundo era joven y yo ya era viejo, el infierno al fin se colmó. Algunos demonios fueron entonces enviados a la superficie a convivir con las personas y, para hacer las cosas más interesantes, los antiguos dioses los dotaron de forma humana.

A algunos se les dio un cuerpo masculino y a otros uno femenino, pero solo se trataba de máscaras, pues todos ellos habían sido hermafroditas en un principio.

Los demonios vivieron vidas ordinarias, pero sus sentimientos no lo eran; ellos no sentían afecto por nadie, por el contrario, buscaban herir a quienes se enamoraban de ellos.

Por supuesto que no formaban parejas entre ellos, pues sabían bien quién era humano y quién no. Su perversa naturaleza los obligaba a arruinar vidas humanas una tras otra.

No todos los demonios lastimaban a sus parejas en forma inmediata, claro; tampoco era una cuestión de dañar a la mayor cantidad de personas posibles, de hecho algunos llegaban a pasar años o incluso décadas planeando el momento para cumplir su funesto objetivo. Lo importante era lesionar en el instante preciso.

No había manera de saber si se estaba en pareja con uno de ellos, porque sus actuaciones eran perfectas. A pesar de eso, muchas personas decían poder reconocerlos, decían notar algo en su sonrisa o en el brillo de sus ojos, pero la verdad es que se trataba de uno de esos asuntos en los que solo es cuestión de creer o no creer.

¿Qué hacían esos demonios una vez que lastimaban a su pareja? Pues no se detenían allí; comenzaban a llorar, a pedir perdón y a suplicar, aunque por dentro reían con crueldad. Con sus escenas muchas veces recuperaban la confianza de los pobres ilusos a los que tenían embelesados; luego, después de un tiempo indeterminado, volvían a arruinarles la vida solo por diversión.

Cuando los humanos y los dioses intentaron deshacerse de aquellos demonios, les resultó imposible. Con el tiempo se fueron reproduciendo y cada día son más.

Te sorprendería saber qué porcentaje de la población mundial ocupan en la actualidad.


– ¿Por qué termina esa historia en presente?, ¿se supone que es cierta acaso? – preguntó Marcos – Además aún no entiendo la relación entre lo que me cuenta y la pérdida del sentido de mi lucha.

– Una lucha ganada no es lucha; una lucha pareja la pelea cualquiera; lo difícil es luchar por una causa perdida.

– Pero si está perdida, ¿qué sentido tiene?

– Hay que luchar para que la derrota no sea absoluta.

El misterioso individuo hizo una pausa para acomodarse su mugrosa túnica y, por un instante, el harapo desvistió parte de su brazo. En ese momento Marcos pudo ver algunas de las numerosas y profundas cicatrices que cubrían la piel del anciano.

– Te contaré la última historia de hoy – dijo con una voz aún más ronca que antes.


Hace mucho tiempo, cuando el mundo era joven y yo ya era viejo, existió un hombre que criaba pájaros. Su casa estaba repleta de jaulas, tenía miles de ellas, llenas de aves de todos los colores y tamaños. Un día se sentó en un pequeño banco frente a las jaulas de los pájaros adultos que tenía con fines reproductivos, y los contempló durante horas. Estuvo allí pensativo, casi sin mover un músculo, los miró a cada uno de ellos mientras reflexionaba sobre el hecho de que ya nunca podrían volver a volar, porque estarían confinados a sus jaulas para siempre. Pensó que les creaba falsas expectativas al dejarles sus inútiles extremidades emplumadas y decidió entonces cortárselas a todos, para que no vivieran una mentira, para que no creyeran una ilusión.

El pajarero tomó entonces una pinza y les cortó sus alas, una por una, tomándose todo el tiempo del mundo. Las aves chillaban con desesperación, pero él trabajaba a oídos sordos, poseído por su tarea. A las aves más grandes le costaba trabajo cortárselas, debía apretar con fuerza la base de sus alas con la pinza y comenzar a retorcerlas para arrancarlas de sus cuerpos.

A medida que se las iba cortando, iba cauterizando las heridas con un fierro caliente, no tanto para evitar que los pájaros murieran desangrados como para asegurarse de que nada les vuelva a crecer de allí jamás.


El rostro del párroco se transmutó en ese momento y comenzó a persignarse.

– Ahórratelo, Marcos – lo interrumpió el terrible anciano –; aún no he terminado.


Los pájaros tomaron entonces consciencia de su prisión, vislumbraron su propia finitud. Al saber que todo estaba perdido, de algún modo incognoscible para la mente humana, se pusieron de acuerdo para atacar a su amo. Ellos ya no tenían motivos para vivir, ya sean reales o no, y por lo tanto odiaron a su carcelero. Comenzaron a agitar sus jaulas y estas, al chocar unas con otras, caían al suelo y se abrían. El pajarero quedó estupefacto porque sus aves nunca se habían comportado de ese modo. Le picotearon primero sus piernas hasta que se cayó al piso y entonces le saltaron encima. Lo atacaron hasta que sus picos se destruyeron de tanto colisionar contra su carne y contra sus huesos.


El eclesiástico se persignó de manera compulsiva.

– Ya ves, Marcos; todos los asuntos del hombre son una negociación entre la fe y la razón.

– ¡Pero yo no puedo seguir predicando porque ya no creo en nada, porque he perdido la fe! – dijo con los ojos llenos lágrimas.

– Ten fe en ti mismo; predica tu propio mensaje.

El clérigo intentó sacar su billetera para pagar la bebida, pero le resultó imposible debido a que sus manos le temblaban demasiado.

– Guarda tus monedas, esta vez pagaré yo – dijo el anciano mientras se ponía de nuevo la capucha.

Marcos se retiró y se dirigió al templo.

En la ceremonia de esa mañana habló con una sinceridad como jamás lo había hecho, y todos los que asistieron aseguraron que aquella fue la mejor que condujo en su vida.

Marcos continuó visitando el bar durante años, todos los domingos antes de cada ceremonia. No iba a beber, tampoco quería oír más historias del sujeto que conoció en aquella oportunidad, solo deseaba saludarlo; pero jamás se volvieron a encontrar.




32 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Ana Lía.
      Es un modo de verlo el tuyo. Me alegro de haberte dejado helada.
      Abrazo!

      Eliminar
  2. Las distintas ideologías convergen en tu relato, la creencia o no en un ser real o mitológico, dependiendo de las perspectivas personales. La culpa es un monstruo devastador que corroe infernalmente. Me gustaron las historias que el viejo le enseñó a Marcos para hacerle ver las cosas desde su óptica. La persuación es un don divino como maligno, depende de como se lo utilice.
    Excelente relato.
    Abrazos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy interesante tu comentario, Ale.
      Gracias por la valoración.
      Abrazos.

      Eliminar
  3. Me encantó la imagen que nos brindaste de los pájaros luchando con sus jaulas, con su libertad, de ese momento en que abres tus ojos a la realidad. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro de que te haya gustado, creo que es una imagen esperanzadora a pesar de lo ocurrido.
      Gracias por el comentario, Nel.
      Saludos.

      Eliminar
  4. Genial cuento, Federico. Argumentos filosóficos interesantes y verdades irrefutables. Pero sobre todo, disfruté esas bizarras parábolas contadas por un sabio cuya identidad queda abierta a la interpretación. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro de que lo hayas disfrutado, Carlo.
      Sí, la identidad del sabio queda abierta a la interpretación de cada uno; por supuesto, yo tengo la mía.
      Saludos.

      Eliminar
  5. Esta repleto de los ingredientes que más me atraen, unos personajes carismáticos cien por cien dentro de su extrañeza, la mística, la filosofía, la angustiosa lucha por la libertad... En fin, un cuento amplio y además denso, te deja lleno, satisfecho. Congratulaciones Fede!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me gusta como lo expresaste, Miguel Ángel. Me alegro de haberte dejado satisfecho.
      Muchas gracias por tu comentario!

      Eliminar
  6. Filosofar profundo y seco,a mi humilde ver es apología a un dialogo a la conciencia,a Elohim(Dios),y a ese ser oscuro y denso que habita en cada quien.no podemos ocultar ls busqueda fallida de saber y entender,de libertad...y de el mismo ser.
    Me ha gustado mucho!como lo llevas y sin duda lo haces excelente.
    "Te incrustas en las almas,con tu escribir,invades el ser,
    penetrando en oscuridad,volando en los adentros,de quien te sede espacio y alma,para allí,desaparecer"
    Ady..<3 te dejo beso y saludo.
    Gracias !

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Fabulosa interpretación la tuya, Ady.
      Muy lindo el poema. Gracias :)
      Abrazo.

      Eliminar
  7. Una historia hecha de historias, todas diferentes pero todas orientadas en una dirección, la que da cohesión al texto en conjunto. Cada uno sacará sus conclusiones en el aspecto filosófico, pero creo que todos coincidiremos en que es un relato sencillamente genial.

    Un saludo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Agradezco mucho tus palabras, Julia.
      Si bien tiene sus mensajes, cada uno sacará sus propias conclusiones porque ese es parte del mensaje en sí.
      ¡Saludos!

      Eliminar
  8. Pues, ¿que te puedo decir, maestro Federico? Personajes surrealistas, porque mezclan lo extraño con lo real. Filosofía que por momentos acaricia lo Heracliteo y por otras lo Nietzscheano, sin entrar en dogmas, a mi parecer, claro está. Lo cierto es que se pueden degustar los recursos del misterioso anciano (y sabio) al momento de persuadir y la angustia del eclesiástico en su debate por la fe perdida en un relato que seduce y atrapa. Excelente, hermano, en mi humilde opinión, magistral. Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Comentarión como siempre, mi gran amigo.
      Me gustaron mucho las caricias.
      Muchas gracias por tu opinión que no es humilde.
      Abrazo grande.

      Eliminar
  9. Yo no sé si puedo (de hecho, sí lo sé: no puedo) hacer comentarios tan eruditos como los de l@s compañer@s. Lo que sí te puedo decir es que me ha encantado la historia, que yo creo que el tipo con el que se encuentra es una especie de "conciencia universal", como un Pepito Grillo ancestral, que sin duda somos nostros nuestros propios dioses y demonios... Y poco más que añadir. Un placer haberte podido leer una vez más.
    Saludos compañero!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí podés, Ramon, ¿o acaso necesitás un encuentro con ese "Pepito Grillo ancestral"?
      Tu interpretación es muy buena.
      Un placer leer tu comentario, compañero.
      Abrazo.

      Eliminar
  10. Silvia Delia D´Alessandriaviernes, 07 noviembre, 2014

    Federico Rivolta, al ingresar al blog, y leer: "Relatos oscuros" casi pego la vuelta al lugar de origen sin leer, es que no son de mi agrado los relatos de ésta temática,. Pero por suerte la curiosidad pudo más, y grande fue mi sorpresa al ver que leía y continuaba haciéndolo párrafo tras párrafo. Eso habla de un atractivo relato en el cual yo encontré lo contrario, mucha luz porque me mostraba dos ópticas distintas para ver un mismo acto. Me agradó la claridad del relato en un tema tan complejo como es la fe y la razón. Me pareció brillante. Un placer
    fue leer "El encantador de pájaros". Espero con ansias un próximo relato. Mis saludos cordiales para ti...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Silvia.
      Me alegro de que la curiosidad haya superado tu desagrado por el título de mi blog y de que te haya gustado mi relato.
      Un placer leer tu comentario.
      Saludos.

      Eliminar
  11. Me ha enganchado tu relato, muy bueno como ya es una costumbre en lo que escribes. Al igual que los compañeros, que atinadamente han hecho sus comentarios, comparto la fascinación sobre el misterioso personaje, que de acuerdo a su cuerpo lleno de cicatrices y a que "Hace mucho tiempo, cuando el mundo era joven el ya era viejo", yo lo concibo como al mismísimo Señor Tiempo, con esa sabiduría empírica que solo dominan los viejos, donde trasmite el conocimiento a través de sus cuentos. Es la interpretación que le doy, gracias a ese regalo que nos has dado, de darle el sentido que cada uno de nosotros queramos...
    Saludos y felicidades de nuevo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me encantó tu interpretación, Eduardo.
      Agradezco mucho tus palabras.
      Abrazo.

      Eliminar
  12. Fabulando un mundo real. En las distintas aristas de la historia se presume la realidad en que se desenvuelve el ser humano, desde la poca fe que tenemos en nosotros mismos hasta la perversión de quien cree tener cierta ventaja. Olvidando a veces que luchar con alguien que no tiene nada que perder podría ser una batalla perdida antes de siquiera haber comenzado, toda vez que su fuerza proviene precisamente de que ya no tiene nada que perder (sino más bien mucho que ganar).
    El hilo conductor hace que la historia se engarce perfectamente calzando muy a pelo con la realidad actual en que vivimos. Un relato muy reflexivo y aleccionador. Me encantó Federico. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro de que te haya gustado, AileeN, sobretodo por tu costumbre de analizar cada arista de un relato y este es uno de los míos que más aristas tiene.
      Muchas gracias por el comentario.

      Eliminar
  13. Una gran reflexión sobre tener fe en lo que creemos. Me encantaron los tres cuentos, pero sobre todo el de las dos islas, te deja pensando un buen rato. Muy bueno Federico.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Santiago.
      Me alegro de que a un señor del terror como vos le hayan gustado los cuentos.
      Varios han puesto a los otros dos como el preferido, pero que yo sepa sos el único al que le gustó más el de las islas. Eso también me alegra.

      Eliminar
  14. Como siempre logras atraparme en tus relatos y sorprenderme. Es un relato imperdible y lleno de matices para reflexionar. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tus palabras, Jorge.
      Abrazo grande.

      Eliminar
  15. Un relato fascinante, un gran acertijo de poderosa narrativa, logras que el lector se sienta un jugador en esta matemática suma de historias que parecen a simple vista inconexas pero que albergan un resultado, un puzzle de piezas intensas y sustanciales que calan en la psique y en el alma, arte elevado.
    Un mundo en el que hay quien cree que lo sagrado es maldito y viceversa, un mundo de demonios que habitan entre y en nosotros, castigando a quienes amamos, un mundo de hombres que privan de libertad a los seres dotados para volar y en el que estos pueden destruir a quienes han osado cortarles las alas.
    Un mundo corrompido en el que la fe por uno mismo es la clave que da sentido a nuestras vidas. Un relato inteligente, una gran obra.
    ¡Un abrazo, amigo de las letras!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me has asombrado con semejante comentario. Excelente tu lectura, Edgar. Tu conclusión sobre la fe en uno mismo es clave en este relato.
      ¡Abrazo grande, amigo de las letras!

      Eliminar
  16. Asombroso y cautivante este relato, me encantaron las tres historias, que hablan de como somos los seres humanos.

    En la primera de como no aceptamos lo que es diferente a nosotros.

    La segunda que mas me gusto; eso de los demonios convertidos en seres humanos es genial ver así a la humanidad, un punto de vista interesante y reflexivo.

    Y la tercera en la que el ser humano se cree dueño y señor de los sueños de los demás, pues el pájaro mientras tuviera sus alas tenía oportunidad de usarlas, se las quitaron, y dejaron de ser pasivos para pasar a defenderse, valor que a muchos nos hace falta cuando nos quieren o cortan nuestras alas.

    Y al final todo se resume a que no podemos cambiar a la humanidad, pero si podemos cambiar a nosotros mismos, e influir en las demás personas que decidan cambiar si así lo quieren, lo importante es sentirte bien contigo mismo.

    Como siempre encantador Federico.

    ¡saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy buena tu lectura y reflexión, Tere. Encantador tu comentario.

      Espero que te sigas sintiendo bien contigo misma y que te cuides de los demonios convertidos en seres humanos que quieran cortar tus alas.

      Saludos!

      Eliminar